27 septiembre 2011

El Sol ha mejorado la música

Violín Stradivarius expuesto en el
Palacio Real de Madrid (España)
Como aficionado a la música, siempre que entro en una sala de conciertos y escucho una orquesta sinfónica, me gusta seguir la evolución del llamado "concertino", es decir, el primer violín solista que ejecuta los "solos" escritos para ese instrumento en la obra orquestal. El violín es, sin duda, el más fascinante de los instrumentos musicales, el más estudiado y el que ha dado origen a un mayor número de leyendas. Por su belleza de forma, sencillez del material empleado y la pureza del sonido, representa la cumbre en la fabricación de instrumentos. Las maderas de abeto, arce, ébano, palisandro, peral y tilo son las que se utilizan para la fabricación de este instrumento, aunque, se cree, que la calidad del sonido lo da la operación de barnizado y secado. La calidad de los violines fabricados en los siglos XVII y XVIII, por los grandes artistas luthieres de Cremona, Antonio Stradivari y Giuseppe Guarneri, se ha perdido para siempre.
Por este motivo, el principal objetivo de los intérpretes de fama es conseguir un instrumento fabricado por alguno de estos grandes luthiers italianos, a pesar de los precios, que hoy pueden llegar a los 400.000 euros. ¿Por qué actualmente, después de tener toda la tecnología a nuestro alcance, no se han conseguido fabricar violines con la sonoridad como los de los siglos XVII y XVIII? La respuesta parece ser que está en el Sol.
El Sol tal como se veia el dia 27 de septiembre de 2011, con sus
manchas solares. SOHO/NASA
El Sol dispone de manchas solares o zonas de su superficie en las que las temperaturas de los gases incandescentes que se forman son 1500 grados inferiores en relación a las regiones cercanas, provocando una menor radiación en el espacio. Estas zonas vistas desde nuestro planeta parecen oscuras, por contraste, pero en realidad, si estas manchas las pudieramos aislar del Sol y llevarlas a un cielo oscuro, brillarían con una luminosidad cientos de veces superior a la de la Luna llena. Pero el número de manchas en el Sol no siempre es el mismo. Cada 11 años hay un cambio de ciclo, de máximo a mínimo. La duración de este ciclo solar es posible comprobarlo en el registro que la naturaleza se encarga de dejar en los troncos de los árboles.
Si miramos detenidamente el corte de un tronco viejo nos daremos cuenta que está formado por unos anillos concéntricos diferentes entre sí, indicativos del crecimiento por etapas y correspondiente cada uno de estos anillos al crecimiento del árbol en un año. Podremos ver, igualmente, que si contabilizamos el número de anillos que hay entre dos de los más anchos, nos dará un número conocido, 11 años. Los anillos más gruesos corresponden a los años de máxima actividad solar, por lo que, el crecimiento de todos los árboles está condicionado por este fenómeno.
Se desconoce por qué extraña razón, entre los años 1645 y 1715, este ciclo de once años se rompió y durante este periodo apenas se detectaron manchas solares en nuestra estrella. Esto provocó un descenso de las temperaturas, produciéndose una "pequeña edad de hielo", un período de frío intenso que afectó fundamentalmente a toda la Europa occidental. Esta falta de actividad solar pudo observarse, de forma clara, en los anillos de los troncos de los árboles que vivieron en aquella época. 
Anillos concéntricos en el tronco de
un àrbol. R. Drudis
Los largos inviernos y veranos fríos durante estos 70 años de mínimo solar produjeron madera de lento y regular crecimiento (anillos estrechos), propiedades muy adecuadas para la producción de instrumentos sonoros de gran calidad. Antonio Stradivari, de Cremona, nació precisamente un año antes del inicio de la mínima actividad de nuestra estrella. Él, Guarneri y otros fabricantes de la zona, utilizaron la única madera al alcance y con los anillos muy estrechos en su tronco, que no sólo hacía más fuertes los violines, sino que aumentaba la densidad de la madera empleada. El inicio del mínimo solar coincidió, además, con el cenit de las habilidades de los constructores de violines en Cremona, lo cual, aportó un mejor tono y brillo a los instrumentos.
Actualmente no existen las condiciones climáticas de aquella época y por tanto la madera que utilizan los mejores constructores de violines no dispone de las mismas características de densidad. De todas formas pido, con toda modestia a quien corresponda, que el Sol siga con los ciclos de mínima y máxima actividad cada 11 años de forma invariable, para bien de todos. A la sabiduría por la astronomía.


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