29 febrero 2016

Nuestra realidad sin Dios

Dios es un invento del hombre, y como
 todos los inventos humanos se parece a
 él. 
Nos  pasa a menudo, que después de una de nuestras conferencias  coloquio sobre ciencia astronómica, alguien nos pregunte donde queda dios en todo aquel panorama que presentamos.


Entre todos los temas que la filosofía o la ciencia pueden tratar, el tema de la religión es de los más polémicos.

Si nos esforzamos podríamos dar razones en favor de la fe religiosa, pero no podemos, precisamente porque se trata de fe y no de razones. La ciencia se apoya con las evidencias, avances científicos y tecnológicos, y las religiones son un conjunto de creencias apoyadas entre sí.

Pero si dios es un paradigma abstracto correspondiente al medio físico, a las leyes de la naturaleza, el dios de los filósofos, entonces no tenemos ningún problema con este dios. Pero si se trata de un ser trascendente, creador del universo, omnipresente, un sabelotodo, que te escucha cuando rezas y te castiga cuando pecas, entonces tenemos un problema.
Si las estrellas apareciesen una vez
cada 1000 años, ¡como las adorarían
los hombres!

Nos gusta la ciencia y para nosotros és una forma de pensar, también nos gusta el pensamiento crítico y el método científico, y por tanto cuando miramos el Universo, rebosante de estrellas, la mayoría de ellas con planetas, algunos de éstos con las condiciones ideales para la vida, nuestra Vía Láctea de perfil, las otras galaxias y los confines del Universo observable, sabemos cuál es nuestro lugar en el Universo. Es entonces cuando nos damos cuenta que a pesar de que la Biblia dice que el hombre fue creado a  imagen y semejanza de dios, de hecho es al revés: dios fue creado a imagen del hombre, específicamente hombres de sociedades primitivas que se asustaban por los rayos, erupciones volcánicas, terremotos, eclipses y cometas en el cielo.

Hoy las creencias religiosas llevan miles de años de ventaja por lo que se han enquistado en nuestra cultura, tradiciones e instituciones. Fue en la juventud en que la humanidad estuvo hechizada con la idea religiosa, ya que aún no había llegado la edad de la razón.

Cuando miramos el Universo desde nuestro observatorio astronómico pensamos que si aquel cielo nocturno estrellado que estamos viendo apareciera una vez cada mil años, los humanos lo adorarían como un dios.

La naturaleza visible que el hombre
masacra, es ese Dios invisible que
él venera.
El Universo que vemos y admiramos nos da constantemente pistas para entenderlo. Desde Galileo no hemos parado de avanzar: los planetas eran discos de colores, que tenían bandas y anillos, objetos astronómicos que emitían ondas de radio y que permiten escuchar el cosmos con una antena, emisión de rayos X en determinados astros, y hasta podemos medir las ondas gravitacionales de agujeros negros, supernovas y otros choques y explosiones cataclísmicas, que podemos escuchar, gracias a descubrimientos recientes.

Igualmente, el bioquímico leridano Dr. Joan Oró era un defensor de que la vida en nuestro planeta azul la llevaron los cometas. Llevaron el agua y el material orgánico, por lo que  se podían generar moléculas bioquímicas fundamentales para la vida. Una vez asentada la vida, la evolución darwiniana hizo el resto, hasta que hoy somos ya capaces de evolucionar mucho más deprisa que la selección natural.

Puestos a pensar, ¿cómo es posible que un dios omnipotente, la sustancia común de todos los seres y de todas las cosas permita la muerte de bebés y jóvenes, las cruzadas, la guerra santa o yihad y el hambre en los países pobres?

Nosotros somos de los que necesitamos desafiar permanentemente nuestro cerebro y enfrentarnos al dogmatismo desde la heterodoxia. No nos  gustan las respuestas hechas ni que nos vendan verdades ni dogmas. Para nosotros es importante despertar el buscador interior que todos tenemos en nuestro cerebro, a fin de buscar el camino, el proceso, y por todo ello pensamos que dios solo existe en nuestro cerebro.

Los niños y niñas son adoctrinados por las creencias religiosas cuando todavía no tienen capacidad de razonar. Si los pequeños no fueran dogmatizados en el ámbito familiar y social, podrían de adultos, leer la Biblia, el Corán, el Talmut u otros libros sagrados, y tal vez les gustara alguno de ellos.

En nuestro caso, nuestros padres nos educaron con la fe católica, éramos unos niños que practicaban los actos que la iglesia realizaba. Fuimos monaguillos e incluso el cura del pueblo (nosotros somos de pueblo) nos tenía tal confianza, que algunas veces, nos hacía pasar el rosario a las pocas mujeres que venían por la tarde, mientras él realizaba otras gestiones pastorales.

Ya de mayores, empezamos a dudar y a cuestionarnos la fe, siendo muy honestos con nosotros  mismos. Tuvimos miedo, tanto metafísico como psicológico. Miedo, porque  la fe nos consolaba y sin ella quizás nos sentiríamos desamparados  y solos. En nuestro entorno les preocupaba nuestra alma, y ​​no querían que termináramos en el infierno.


Pero nosotros somos ingenieros, y por tanto, hasta llegar a serlo hemos pasado  muchos años de estudio, experiencias, formación y mucho trabajo, en cambio, para conseguir una vida eterna, únicamente tenemos que apostar como si estuviéramos en un casino. No creemos que ningún dios valore mucho más la fe hipócrita y egoísta de alguien que quiere cubrirse las espaldas, que al que realiza un cuestionamiento honesto y sincero. No podemos creer, que a un dios omnipotente infinito le pueda importar los halagos y la adulación de un ser microscópico de un pequeño, insignificante y remoto planeta que orbita una estrella pequeña y ordinaria en uno de los brazos más exteriores de nuestra galaxia.
Para explicar de dónde venimos, dónde estamos, donde iremos y como debemos vivir en el planeta y entre las personas, no nos hace falta ningún dios. Por lo tanto, somos una especie de "Sinedios" (sin necesidad de dios), y no porque hayamos probado la inexistencia de dios, sino porque todo este esquema religioso atenta contra nuestra integridad, nuestra libertad y nuestra dignidad como seres morales y autónomos. Las religiones piden convertirnos en esclavos, que no pensemos, y eso ...... lo rechazamos con toda nuestra conciencia intelectual.


De seguir a alguien, posiblemente seguiríamos al filósofo clásico ateniense Sócrates, que ya en el período 479-399 (antes de Cristo) decía: "Soy un ignorante, solo tengo preguntas", predicaba que todo el mundo hiciera uso de la razón y animaba a la gente a que lo cuestionara todo. No está mal, ¿verdad?


Tot Astronomia








3 comentarios:

¿.......????? No entendemos tu comentario Carlos Roberto Golcher Manrique. Por tanto, Dios no somos ni queremos serlo.

De todas maneras ,todas las leyes fisicas que estudiáis y os sabéis de memoria, os creéis acaso que lo ha inventado Einstein ? O Copernico?
o que surgieron de un Big bang? tanta perfección ?
se crearon por casualidad?

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